Si todavía no conocés el Proyecto Abrir en caso de emergencia, seguro querés saber qué hacemos, quiénes somos, qué pensamos y qué tomamos. No hay una sola forma de decirlo, por eso escribimos tres versiones diferentes, para que elijas la que más te guste.

El mercado ilegal de evaluaciones

En un galpón en las cercanías de la universidad de Berazategui, antes de internet y las redes sociales, docentes de secundaria se encontraban clandestinamente a intercambiar modelos de evaluaciones. Colaboraban, antes de que la expresión “trabajo colaborativo” se pusiera de moda y perdiera todo significado. Se organizaban, justo en las postrimerías de una década que había llevado a la cúspide de la civilización a los analgésicos y los valores de la soledad y el insomnio.   

Aunque los docentes habían jurado discreción para evitar sanciones de las autoridades, el boca en boca fue haciendo correr la voz. Primero se sumaron 4 profesores. A las pocas semanas ya eran 10. Y a los 4 meses, eso, que había sido un tímido juego de seducción intelectual -entre citas imprecisas a Freire y a Bourdieu, entre cigarrillos Parliament y mates lavados- se desbordó.  Entonces comenzaron a acudir más y más docentes y de latitudes cada vez más dispares. Una profesora decía ir desde Loma hermosa. Otro desde Hurlingham. Uno que era medio rengo y a quien se le trababa la R contó que había escuchado hablar del galpón de evaluaciones clandestinas en un kiosco de diarios en San Justo. Educadores de aquí y de allá acudían, primero los lunes a las 7 de la tarde en busca de ideas y evaluaciones para toda la semana de trabajo, después también los miércoles, y por último se sumaron los viernes. 

Los viernes eran especiales, porque además de compartir ideas ingeniosas para el aula, quienes asistían aprovechaban para intercambiar discos y cassettes de Silvio Rodriguez y tomar una que otra copita de licor de anís que fabricaba una profesora de años en el fondo de su casa. 

Pero cuando el rumor llegó a oídos de las autoridades no hubo forma de impedir su intervención. Primero se presentó el inspector de la sección segunda a pedir explicaciones y a solicitar que cesara la socialización de estrategias didácticas no contempladas en la última reforma educativa. Después fue la inspectora en jefe, quien con prepotencia amenazó con desplazar de sus cargos a quienes, bajo la excusa de invitar a los estudiantes a ser protagonistas de sus aprendizajes, participaran de esas reuniones clandestinas. Pero, como cabía esperar, la amenaza provocó el efecto contrario al buscado: la curiosidad aumentó y cada vez más docentes se acercaron al galpón a buscar ideas.

Al llegar, algunas personas medio desinformadas, preguntaban por el juego de fotocopias de evaluaciones raras. Otros, sobre todo los hombres divorciados, se acercaban en busca de diversión y con intensiones de conocer a profesoras jóvenes. Los más, se presentaban diciendo que estaban allí para pensar una educación diferente y desafiar a la autoridad: “los pibes tienen que producir, porque en el acto creativo está la oportunidad de conocer y construir una conciencia nueva de la participación», decían. Y luego agregaban, “estos burócratas, siguen pidiéndonos que demos temas y temas como si la escuela fuera un supermercado enorme, y la educación un baúl repleto de Coca Colas y otros productos llenos de azúcar y veneno”.   

Entonces, se dió participación a las fuerzas del orden. La policía intervino el galpón de docentes al grito de «tenemos una orden de detención porque sabemos que acá comparten y consumen cosas raras». Varios docentes desoyeron la amenaza y decidieron resistir: se armaron barricadas improvisadas y revolearon algún que otro libro que tenían en sus bolsos. El docente rengo intentó gritar «Resistiremos, acá no hay ninguna cosa rara» mientras escondía una bolsa en un mueble del galpón. La docente que fabricaba el anís terminó a fondo blanco la mitad de la última botella. Otros docentes, apurados, tiraban al fuego todas las evaluaciones que se habían compilado  al tiempo que se preparaban para resistir alentados por el rengo. Pero los efectivos policiales eran muchos más. 

La policía detuvo a varios educadores mientras el resto se dispersó por los aledaños, abandonando tras de sí y para siempre, ideas y estrategias de evaluación que molestaban al poder. 

Las personas detenidas fueron acusadas de promover un mercado ilegal de evaluaciones. En su alegato, dijeron que allí nunca se había comprado ni vendido nada, que eso no era un mercado, que ni siquiera era un club de trueque como los que estaban surgiendo en tantos lados. Todo se daba y recibía como un acto desinteresado, incluído el anís. Pero ninguna palabra ni ninguna explicación fue suficiente: fueron declarados culpables, sancionados con horas de trabajo comunitario y obligados a firmar un acta en jefatura de inspección, en la que se comprometieron a asumir los contenidos prescriptivos sin agregar una sola coma ni quitar un solo punto, bajo amenaza de perder para siempre su matrícula. Además, debieron declarar que a partir de entonces, sólo iban a adoptar las estrategias didácticas enunciadas en los programas gubernamentales, realizados por personas con altos grados de capacitación educativa… que nunca, jamás, en toda su vida, habían pisado un aula. 

20 años después, alguien que había estado metido en el mercado ilegal de evaluaciones y en otras experiencias educativas disruptivas, convocó a un equipo de profes para una nueva reunión clandestina. Pero esta vez fue en un aula de escuela. Sin anís de por medio, pero con las mismas ganas de contradecir a burócratas de la educación, teóricos de escritorio e inspectoras que jamás fueron docentes, dieron origen a Abrir en caso de emergencia.

Bienvenidos. Bienvenidas.

Segunda versión

Abrir en caso de emergencia: un proyecto integral dirigido a docentes de todos los niveles, con un foco principal puesto en el nivel medio. 

Distinguido por sus propuestas creativas, su capacidad de promover situaciones de aprendizaje disruptivas con un reconocido impacto en toda la comunidad escolar, Abrir en caso de emergencia genera contenidos, ideas y herramientas desde el año 2019. 

Hasta aquí hemos publicado cinco libros con la reconocida editorial educativa “Maipue”, así como Secuencias didácticas que llegaron a más de tres mil docentes, Cápsulas y Cursos. 

Con muchos seguidores en Instagram, el sitio abrirencasodeemergencia.com es la continuidad necesaria de todas nuestras intenciones pedagógicas, es la puesta en marcha de una nueva etapa para generar nuevas soluciones educativas.      

Bienvenidos.


De Gira

A fines del año 2019, en una sala de escuela, en un recreo, en una época en la que nadie podría imaginar cosas tan raras como una pandemia devastadora azotando al mundo o palabras atronadoras como «continuidad pedagógica digital» , un grupo de profes con ideas parecidas se dijeron que compartir experiencias de clases creativas para que otros colegas las tomen, podía ser una buena idea para un libro.

Pasaron dos años generando materiales y tratando de convencer a editoriales de que lo que tenían entre manos era oro en polvo, hasta que lo lograron. El gerente editorial de una reconocida empresa de libros dio crédito a la idea conociendo muy bien las demandas y pedidos de docentes, aunque no entendía por qué, el equipo de autores y autoras, deseaba fervientemente llamar al proyecto Abrir en caso de emergencia. «Si llaman al proyecto Abrir en caso de emergencia no van a lograr eso de convertir sus libros en un material de consulta permanente. La emergencia es excepción» manifestaba. Pues, como sabemos, en educación y en el mundo docente, la emergencia es la regla. Abrir en caso de emergencia es, «abrir la noche anterior a la clase con ese curso tremendo», «abrir en el recreo antes de entrar al aula», «abrir cuando necesitás esa idea para despabilarlos», «abrir en febrero mientras se arma la carpeta de propuestas para el año», «abrir cuando ya se agotaron todas las ideas que alguna vez tuviste», «abrir cuando llegás con lo justo a la clase, porque además de ser profe tenés una vida (o intentás tenerla)».

Durante 2022 se publicaron tres libros Abrir en caso de emergencia. Divididos por áreas, cada libro compilaba ideas y propuestas para el aula ingeniosas, creativas y 100% originales. El éxito de esos libros dio lugar a giras de presentación en toda la Argentina, con bandas soporte locales y localidades agotadas en escuelas, profesorados, universidades, salones municipales, tugurios y sótanos. Allí, muchas y muchos colegas asistían a conocer la propuesta, comprar los libros con descuentos importantes y debatir «Inmobiliaria», «Turismo en París» o «El impostor» y, por qué no, sacarse una foto con Troncoso o con Dionisi. Mientras tanto, la multiplicación de copias piratas acrecentó la fama de los libros, hasta que uno de ellos fue declarado de interés educativo provincial por el honorable senado de la Provincia de Buenos Aires.

En 2024 se publicaron los dos últimos ejemplares del equipo que tuvo la idea original de la serie, también con una excelente recepción. Del último que salió en 2026 por la misma editorial y usando el mismo nombre, no nos corresponde asumir sus aciertos ni hacernos cargo de todo lo que lo diferencia de la propuesta original. Fue elaborado por un equipo de profesionales que no formó parte del Abrir que armamos en 2019. Con los buenos augurios que se le puede desear a una empresa editorial muy humana y siempre bien predispuesta, Abrir en caso de emergencia continua su camino por otros rumbos.

Recibimos pedidos innumerables para que hiciéramos un nuevo libro, general, que pueda adaptarse a muchas áreas, que pueda servir a profes que recién empiezan y necesiten un Abrir cuando la puerta del salón se cierra, a profes de años que ya ni el anís ayuda a encontrar esa estrategia, esa idea, esa propuesta que los haga sentir lo mismo que sintieron la primera vez que un curso les dijo «tus clases están buenísimas». Tomando esos pedidos, pero sobre todo porque nos encanta lo que hacemos, le dimos forma a este sitio, un nuevo Abrir que no termina, con una biblioteca de ideas que suma cuatro propuestas nuevas, creativas y contundentes, cada semana, como un libro, pero esta vez digital y dinámico, porque todo lo que sumamos queda, se agrega sin que haya un punto final que cierre nada.

J.G